Adrián Bet
ALESIA
Sus torres e ingenios nos superan,
sus trincheras calculadas
rechazan nuestra horda sin esfuerzo
y nos sopesa su fría maquinaria
con la sonrisa del lobo complacido.
Pero mientras el tañido suene
los romanos sabrán
que esperamos por ellos
a pie firme,
aquí en Alesia.
Aunque Vercingétorix cayó
seguiremos peleando
para que los hijos de nuestros hijos
no recuerden
el estandarte del águila
ni sepan del nombre del César.
EL FINAL DE NIHILUM
Comienza el juego de abalorios
ese eslabón perdido de toda ciencia humana.
Representa ingenuo, el final de su era;
reflejo de las más oscuras elucubraciones seculares.
Castalia caerá, en definitiva,
ante le irrefutable fuerza
de las cosas vivientes.
Los muertos están muertos
y se equivocan.
SEMIÓTICA
Vi las manos girar rabiosamente
al compás de algarabía luminosa
el embaucador giraba con destreza
el muy tahúr, sus tahúres manos.
Me miró a los ojos
con sonrisa predadora y dijo:
“¿Oye muchacho en qué mano está la piedra?
¡Pero antes deja tus dineros!”
Los dejé sobre la mesa y contesté:
“En ninguna pícaro; está bajo la tabla.
Si bien ciertas manos y piedra son
no lo son en coexistencia.”
Tomé mis monedas, las suyas y me fui
REVELACIONES DESDENTADAS
La vieja miraba en el umbral
Ofrecía una risa desdentada
Entre restos putrefactos pretendía
Avizorar, Cassandra, mí futuro
Arroje un billete de dos pesos
Y una lata de cerveza medio llena
La atrapó con ademán habilidoso
Y eructó su liquido asintiendo
El negro cielo la bruja señaló
Luego el suelo en gesto misterioso
Trazó signo de tenor desconocido
E irrumpió en trance con diatriba
“Qué a su morada torne pronto deja
Su mágica presencia no reclames
Mejor cuida a los mortales, Ignorancia
Que a Mortaja la precede Anhelo”
Escupí al piso y, de espaldas, continué
ESPÍAS
Revisás mis sueños
conocés mis secretos
mis más íntimas atrocidades
mis más grandes noblezas
mis estériles luchas
mis bizantinas derrotas.
Gran hermano omnipresente
biblioclasta piromaníaco
rector de nuestro mundo feliz
construido a iguales dosis
de soma y chat frenético.
Snifers ocultos en la Ram
control, total control:
la Webcam enfoca el inodoro
sexo de la chica Malaya
en Cyber Buenos Aires.
Cruzás tus datos, sabés
un número
un patrón de comportamiento
un potencial consumidor
un previsible sicario.
Cierto nivel de disenso es recomendable.
Hackers rebeldes
contestatarios del sistema
para el sistema
con el sistema.
Sueño mi utopía
lo que nunca voy a ser
un registro en blanco en tu base de datos
un bug en tus algoritmos
un no-vivo anónimo.
ABSURDO ULTRAVIOLENTO
Pienso tan sólo en una pierna
Sepia critico la ebullición de mi estómago
sin haber hecho realmente demasiado.
Ya es hora de que tone
antes de desaparecer.
Vestido de sobrio verde
el candidato azuza huestes ciegas
sudan su nombre en el teatro del horror
por un choripán y dos vinos
estafados puntualmente a la salida.
Llora bellamente corneadora
la primera dama candidata.
Besa exánimes niños de la calle.
¡Qué patriotismo, carajo!
Y me acerco
cazador fanático de autógrafos
me mira
(la mirada de los ganadores)
Al patovica hace una seña
que perdonará mi crisma
dos segundos más.
Saca su lapicera de oro
y la sonrisa blanca, almidonada
de dos muelas podridas.
Tanto bienestar desnutrido.
Tanta tierra bien cedida a los romanos.
Tanta inserción kelper al concierto de las naciones
no merece más que recompensa.
Vuela la mierda anhelante
plástica, amorosa, se funde en su cara
tierna amante lo besa en la boca
lasciva chorrea la rosa camisa
para hacerlo suyo, solamente suyo.
Soy:
‘El absurdo ultraviolento’
PERGAMINO
“Dicen los que lo
han visto que parece sonreír y guardar silencio, como si supiera un secreto que
no somos ni seremos capaces de develar.” El Manuscrito Voynich. Marcelo Dos
Santos.
De equivoca piel de cordero
y tiempo apócrifo,
pergamino, atravieso el espumoso mar,
lacrado en una botella de cristal falso.
Mas mi mensaje es cierto:
“He aquí la paradoja.”
No obstante jamás me despedí.
¿A quién puede importarle una deriva sin destino?
Todo fue ignorancia,
dejarse ir
entre soles húmedos y abismos salados,
criptas sabias y letanías oscuras.
Tan sólo otra civilización conjeture,
en cumbres mucho más nuevas,
el significado velado de mis trazos.
Quizás Cardano aplique
sobre la antigüedad de mis carnes,
descubra lo que yo ignoraba
y me rescriba
dentro de un libro omnisciente.