Fernando Sánchez Zinny
DEBO IR AL MAR
Además, debo ir al mar, buscar el aire fuerte y contemplarlo,
ensordecer de nuevo, mirar con ojos jóvenes
aquel horizonte impreciso y ya prohibido,
desde la arena sucia que deja la bajante. Debo,
sobre todo, esconderme de mí, no pensar tanto.
Un día luminoso hacia media mañana:
la niebla se disipa, lo lejano irrumpe
y hay lentas despedidas que hacen recordar casos,
adioses que despueblan la ciudad resignada.
Es que, además, debo ir al mar. Estoy enfermo.
Discurre el tiempo sombras,
nubes que apagan la irisada superficie...
Y yo debo sanar, volver a descubrir la playa.
Oír otra vez el clamor, el vocerío que robé cuando muchacho.
Voy a curarme, amigos. No puede ser que me muera
junto al mar, entre ustedes, en esta dimensión
de vientos y graznidos en que hallaba sostén alguna historia
que apenas si quería cantar y padecer.
Las cosas son así. Voy a ir al mar, tal vez pronto.
Habrá el hisopo del oleaje a cada embestida, la mano
que hace visera... Y risas, migraciones, escritos,
una pobre mujer en el acantilado,
el cansancio, las ganas de dormir, de inclinar la cabeza.
Además, amigos, debo ir al mar.
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VINO DERRAMADO
Si hay vino derramado es alegría
e igual si está en el vaso. Para mí
con sol o lluvia siempre es bueno el día.
Bien sabes que no es mío lo que enseño
ni soy el inventor de esta cordura,
¿por qué me miras, pues, fruncido el ceño?
Apenas, que he sumado varias ciencias,
que ya en los arrabales del ocaso
he conseguido amar las evidencias.
Cabalgas la derrota y la aventura
que siguen siendo mías y de todos
y sólo en el limón hay amargura.
¿Por qué me miras, pues, fruncido el ceño?
si soy tu hermano y aunque no lo fuera,
esto que digo y doy no tiene dueño.
¿No estás de acuerdo? Sí, hay quienes huyen
de la luz, del amor y hasta del odio
y niegan que haya dioses que destruyen.
No importa; aunque no seas, no, mi hermana,
te salvo de conjuras y luzbeles,
y acerco la canción a tu ventana,
con todo el desencanto de los crueles.