Liliana Lapadula
EROSIÓN
Tánatos-
pasión sin mesura
en
el filo de las aguas.
Consternada
sangre del río
que
fluye en dirección al abismo.
El
vampiro en busca de su presa
carroña,
hueso alado, herrumbre.
Tic-tac,
tic-tac onomatopéyico
en
un hemisferio ciego
donde
las ranas croan su bing bang
de
aterciopelada especie.
Tánatos-trabuco
de humo
detrás
de un jarrón con flores secas
y
un señuelo
que
baila sobre un violín
sin
cuerdas.
Tánatos-antítesis
del beso
puñal
que anuda el aliento
de
los hombres
después
del tañido de una campana.
Tánatos
a la vera del mundo.
Y
un puente, ardiente como tus ojos
desafiando
el horror.
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EL
PURO SENSIBLE DE TUS OJOS
Una
insaciable voz como una loba en celo
Estoy
detrás de esta puerta
Estoy
casi en la cornisa
Tu
cuerpo es el candil que arde
en
mis huesos
Y
huyo de la tempestad
huyo
del desamparo, del aullido
Hay
otro lugar
Mi
cuerpo al amparo de tu cuerpo
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DESTRUCCIÓN
DE LA MURALLA
Cuando
la casa se puebla de silencios
y
el silencio es el amo indescifrable
que
convoca a la hora cero
yo
bebo mi brebaje de antiguas ceremonias.
Veo
el rostro noctívaro
cauteloso
de
una mujer casi intacta
pero
dormida.
El
temor hace sus muecas
de
presa y los ojos
retacean
el oro de un amor en ciernes.
Desde
este lugar
casi
en el límite
del
cuerpo
casi
en el exilio
busco
la palabra que no hiera
la
mano que no hiera
el
eslabón entre la vida y mi vida.
Camino
en medio de la noche
bajo
el estiércol de la memoria.
No
tengo nada para dar
y
tengo tanto.