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Si bien ya existían sitios de lectura en Buenos Aires al menos, hemos sentido la necesidad de abrir un frente en que ningún sello o amiguismo segregara a nadie. De todos los poetas, que son muchísimos por suerte, se pensó en invitar a los que habían participado muy poco o casi nunca en estos lugares, y cuya calidad poética ameritaba a gritos la mínima consideración de quince minutos de audiencia. |