Susana Cattaneo
Seré
la que me recuerde
tras el velo azul del tiempo
y piense en este pájaro
que hoy destella bajo el sol de abril.
La que con ojos perdidos
reúna pesadillas de otras horas.
Seré
la mujer anciana
que acopió
torrentes de palabras
en la inmensa memoria de su vida,
y guardó alguna primavera
para leerla de noche
reflejada en espejos de bruma.
La que hablará muy poco
sintiendo demasiado
lo que fué el destino.
Seré
un puñado de sombras
iluminado en el cristal,
detrás del mundo.
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...alguna huella
en la memoria de este verde.
Una parte distinta
del aire que bebimos.
Seré
las miradas viejas
de los jóvenes árboles.
Recuerdo de tierras
donde sembré palomas.
Tu balcón. Tu mirada
atravesando la noche.
Tu estar aquí
más allá del confeso dolor
de esta tarde de agosto.
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...y en cada despedida los sueños llevan lámparas de
incienso y cruzan relojes que detienen trenes, almoha-
das, jacintos que nacen.
Se oye la ruda al aspirar el aire de jardines y relámpa-
gos de menta avivan miradas.
Venus, detenida sobre otoño, salpica mármol en hojas
de trébol. La niebla desciende como centinela que cubre
lo que jamás debe mostrarse.
Las ramas caen sus gotas de frío; la torcaza marca
caminos en el suelo anegado con las invernales lágrimas
de díos.